Los nuevos propietarios a menudo dejan sin gestionar las tierras que heredan, extendiendo así el riesgo de incendios forestales de forma generalizada. El European Forest Institute (EFI) ha liderado una investigación que identifica una serie de incentivos económicos —subvenciones, pagos, descuentos en seguros y acción colectiva— que motivan de forma eficaz la gestión responsable y la responsabilidad compartida.
Imagina que vives en una ciudad: horarios de oficina, trayectos en metro, cañas por la tarde y cenas con amigos. Una mañana recibes una carta de un notario: tu tía, ya fallecida, te ha dejado una parcela en el campo, a varias horas de distancia. Recuerdas vagamente haberla visitado de niño: un mosaico de viejos pinos y prados secos que descienden hacia un valle. (Foto: Enrique / Pexels)
Un fin de semana vas a ver la parcela. El camino está cubierto de maleza y el bosque, espeso, lleno de matorral seco y ramas caídas: señales inequívocas de un largo abandono. Un vecino menciona un incendio reciente en el valle cercano. De vuelta en la ciudad, te enfrentas a una verdad incómoda: gestionar el terreno sería costoso y llevaría mucho tiempo, con escaso rendimiento económico. Como tantos nuevos propietarios, decides dejarlo tal cual.
Lo que resulta menos visible, sin embargo, es que los riesgos y los costes asociados a esa decisión —como el aumento del peligro de incendio— no se reparten por igual, sino que a menudo recaen sobre vecinos, comunidades y servicios públicos.
Esta situación se repite por toda la Europa mediterránea. Cinco décadas de éxodo rural han dejado cientos de miles de hectáreas abandonadas y sin gestionar. Se acumula el combustible vegetal. Las condiciones climáticas extremas agravan la amenaza. El fuego se convierte no solo en un problema ecológico, sino también social y económico. Es aquí donde la investigación empieza a plantearse una pregunta urgente: ¿qué motivaría a una nueva generación de propietarios a actuar?
Trazando el mapa de los incentivos
Nuestra investigación reciente (Fraccaroli et al., 2026 – Economic incentives for reducing wildfire risk: taking stock of an emerging field) clasifica las herramientas que transforman el «no hacer nada» en una gestión activa. Identificamos incentivos que operan a través de múltiples vías:
- Burocrática: subvenciones y ayudas públicas, junto con algunos instrumentos regulatorios como la responsabilidad legal por inacción, y el reconocimiento a la contribución a la resiliencia del paisaje.
- De mercado: pagos por reducción de combustible vegetal, créditos de carbono, descuentos en seguros contra incendios y mercados de materias primas.
- Social: programas comunitarios, certificaciones Firewise y cooperativas de tierras que reparten los costes de gestión.
Para componer esta panorámica, recopilamos 80 estudios de caso en una base de datos de acceso abierto, procedentes de regiones propensas al fuego de todo el mundo.